El término opinión
pública es en
realidad más antiguo de lo que inicialmente se piensa. Es un término que ha
tenido y tiene una variedad muy grande de definiciones, a tal punto que hace
más de treinta años el profesor Harwood Child había encontrado, después de una
copiosa recopilación, que se manejaban cincuenta definiciones en la literatura
especializada. Por ello, Phillips Davison, profesor de la Universidad de
Columbia en su artículo “Opinión
Pública” para la
International Encyclopedia of the Social Sciences, señalaba en forma pesimista
que “no hay una definición generalmente aceptada de opinión pública”. Pese a
ello el término se ha utilizado con mayor frecuencia. El mismo reconoce que los
esfuerzos por definir el término han llevado a expresiones de frustración tales
como que la opinión pública “no es el nombre de ninguna cosa, sino la
clasificación de un conjunto de cosas”1. Algunos fueron más allá,
como Jean Padioleou quien irónicamente señalaba que a la “opinión pública le
ocurre como a los elefantes: puede ser difícil definirlos, pero es muy fácil
reconocer uno” o cuando sostiene que a “la opinión pública le sucede lo que al
diablo, debe existir puesto que pronunciamos su nombre
RESEÑA HISTORICA
Si las variadas concepciones
conviven y debaten académicamente, todas ellas se han nutrido de diversas
posturas teóricas construidas históricamente. Y es que la expresión opinión
pública que se usa
actualmente, se remonta a mediados del siglo XVIII. No obstante antes de aquel
momento se manejaban términos parecidos como opinión común, opinión popular,
voluntad general, vox populi, etc.
que hacen referencias indirectas sobre la opinión
pública.
De esta manera, Protágoras
hace referencia a “creencias (opinión) de las mayorías”, Herodoto de la
“opinión popular”, Demóstenes de la “voz pública de la patria”, Cicerón habla
del “apoyo del pueblo” y Tito Libio de la “opinión unánime”. Pero, como es
sabido, son los filósofos griegos quienes hacen los mayores aportes y
precisiones. Platón, hace por ejemplo una separación entre doxa (opinión) y
epistema (ciencia), es decir el saber del vulgo, frente al auténtico
conocimiento de la ciencia reservado a una minoría. En cambio, para Aristóteles
la doxa es solo un conocimiento probable, de esta manera, el hombre para opinar
no requiere acudir a la ciencia, pues posee el criterio del sentido común, de
sus experiencias directas y de las comprobaciones empíricas8.
Pero la Edad Media cambiará
los términos de las referencias antes planteados por el de la fe y que no serán
abandonados sino con el Renacimiento. Será Nicolás Maquiavelo, en El Príncipe, quien desarrollará las
ideas básicas de la comunicación política entre gobernantes y gobernados. Más
tarde, Hobbes señalará que la conciencia se convierte en opinión, nivelando los
actos del crear, del juzgar y del imaginar, en tanto Locke, habla de la Ley de
la opinión, de gran importancia como la Ley divina y la Ley estatal. Ella no es otra cosa que la idea que
de uno tienen los demás. De los fisiócratas, Mercier de la Riviere, en 1767,
expondrá su doctrina de la opinión señalando que quien manda no es el rey, sino
el pueblo a través de la opinión
pública.
Pero quien utilizará por
primera vez el término opinión
pública será J.J.
Rousseau, quien desde 1750 se preocupará sistemáticamente del poder que reviste9. En medio de esta
preocupación, la revolución francesa será el movimiento histórico que permitirá
que se traslade el monopolio de la opinión
pública por parte
del pequeño círculo de los ilustrados, a manos del pueblo. Pero será el
liberalismo el que articule de manera más precisa una teoría de la opinión
pública. Desde el
comienzo de la escuela clásica con Adam Smith, David Ricardo y otros defenderán
el régimen de opinión frente al despotismo. Cada uno de sus representantes
aportarán elementos favorables para el desarrollo de las libertades
individuales, entre ellas las de opinión. Frente a este planteamiento se eleva
la concepción marxista. Para Marx y Engels, no existe una opinión
pública general que
nace en la sociedad civil, sino una opinión que pertenece a la clase dominante.
Por ello, para el marxismo la ‘falsa conciencia’ se condensaría en la opinión
pública oficial10.
En el siglo XX, quienes se
interesarán por la opinión
pública serán los
que comparten las tesis de la sociología del conocimiento (Max Scheler, Karl
Mannheim, Robert K. Merton, P. Berger y
T. Luckmann, entre otros), para quienes el individuo aislado en pocas
oportunidades crea, de manera individual, opiniones. Pero, otras relaciones
sociales, distintas a las de clase (religión, grupo étnico, nacionalidad, grupo
político, etc.), pueden ser determinantes en la construcción de las opiniones
de los individuos11.
TEORIA SEGUN Jürgen Habermas
Jürgen Habermas
desarrolla una teoría de gran impacto sobre el origen de la llamada opinión
pública. La concibe como un debate manifiesto en el cual se delibera sobre las
críticas y propuestas de diferentes personas, grupos y clases sociales. Para el
autor, luego de su desarrollo en el siglo XVIII, el llamado espacio público
donde es posible la opinión pública y que está condicionado por la “razón”
entra en decadencia, puesto que la publicidad de tipo critica o reflexiva
cederá su espacio a una publicidad demostrativa y manipuladora al servicio de
intereses privados. Habermas intenta aproximarse de forma crítica al concepto
de opinión pública para recuperar la visión esencialmente democrática del mismo
concepto, haciendo una distinción entre opinión pública y opinión pública
critica. En este trabajo, el profesor Habermas hace un viaje histórico
partiendo desde el mundo griego, donde la separación entre lo privado y
lo público aparece firmemente delimitada, no solo en un nivel de
conceptualización sino también en el ámbito de lo físico. La diferenciación
entre Zoé (mundo de la necesidad, lo físico, de lo
reproductivo, nuestra animalidad, nuestra biología, el ciclo de la vida)
separada del mundo del Bios (mundo del pensamiento, del logos, lo
que difiere del animal, de la política, de la cualidad, del honor, lo metafísico,
las ideas, las virtudes, el lenguaje, la creación humana; en general, la
cultura.)
La inclusión en
la Polis griega requiere de estar escindido del mundo de la
necesidad, pues esta representa lo privado y la separación de la misma, la
libertad y el status de ciudadano. Aunque la economía y la
política distan en la Hélade de lo que hoy entendemos por ellas, ya estas
esferas aparecían separadas. El mundo de la necesidad permanece oculto en los
límites del hogar (oikos), a saber, en su dominio ocurre la reproducción
biológica, el trabajo esclavista, la mujer servicial, la vida y la muerte, “el
reino de la necesidad y de la transitoriedad permanece anclado en las sombras
de la esfera privada” Confrontando este “mundo” aparece la
publicidad como reino de la libertad y la trascendencia, el mundo de la virtud
humana, el mundo que ofrece la Polis, donde “las virtudes se
preservan tan sólo en la publicidad, allí encuentran su reconocimiento” . Ya veremos que este modelo es
portador de un patrón ideológico (patriarcado) que más tarde volverá a aparecer
en la modernidad misma, es decir en el Estado Nación Moderno.
Durante el
Medioevo la separación entre el mundo privado y el mundo de lo público
aparece como “ensamblada”. Lo público es lo “común”, un espacio donde el mundo
de la necesidad no aparece separado del mundo de la libertad. El mundo de la
necesidad y el mundo de lo político están absolutamente mezclados. La Publicidad
Representativa no es un ámbito social propiamente tal, es más bien un
representación pública de dominio. El señor feudal aparece “situado” en
su nobleza, neutral frente a lo público y lo privado y representa su status públicamente.
El soberano y sus instituciones son el país, (él es la ley) “ellos representan
su dominio, en vez de para el pueblo, “ante” el pueblo”. La publicidad representativa es signo de
status social (Weber), una representación de poder, es un “algo que se
pone frente a un público”, es la “aura del noble” un “don”; Este tipo de
publicidad es el origen de la Publicidad Burguesa. Con el desarrollo del
comercio y el tráfico de mercancías aparece no solo la propiedad privada
sino también el estado Nación Moderno (siglo XVI). Los derechos dispersos
medievales son concentrados por este incipiente estado (nacionalización de la
economía). Por una parte se desarrollan los propietarios privados y por otro
lado un Estado que reúne las masas huérfanas del feudalismo y al mismo tiempo
captura a los señores sin siervos. Aparece la idea de soberanía, de una
interiorioridad-exteriorioridad (Hobbes, Durkheim). Este Estado se legitima a
través del comercio (capitalismo temprano). Pero como Estado moderno (Estado
esencialmente impositivo según Habermas, Estado de Policía) choca con los
intereses de la incipiente burguesía, produciéndose así la confrontación entre
el Estado y la Sociedad. Nuevamente aparece la separación entre lo público y lo
privado, lo político y lo social. Con la reforma religiosa aparece un acceso a
las letras y con el acceso de la plebe a las cortes aparece el acceso al arte y
esto se trasforma en una condición sine qua non de una subjetividad
emergente. La primera forma de publicidad burguesa es la Publicidad
Literaria. Así como se trafican mercancías de trafican noticias (la prensa)
y este instrumento no solo es utilizado por los propietarios privados sino
también por el Estado, “un vivo sentido para el aprovechamiento del nuevo
instrumento”, decía el cardenal Richelieu.
Max Weber
escribía que la separación entre negocio y el hogar fue fundamental para el
despegue del capitalismo y la subjetividad que nació en la intimidad del hogar
(aquí sigo a Habermas), forma su propio público (sic). En la publicidad
literaria aparece por vez primera la idea de “cultivar el alma”, aparece lo
“intimo” en el género epistolar (cartas) y esto articula una nueva dimensión
espacial de lo subjetivo, es decir a distancia, ergo, lo intersubjetivo. De
esta manera surgen conceptos como el Humanismo, autonomía, voluntad, amor,
belleza, etc. Pero como antes mencioné, en la aparición del Estado Nación y su
modelo impositivo, y al hacer este, intervenciones en el mercado, aparece la Publicidad
Política, en un sentido dialectico, es decir, un público acerca de lo
público. “La publicidad política resulta de la publicidad literaria;
media a través de la opinión pública, entre el Estado y las necesidades de la
sociedad”, escribe Habermas. La subjetividad moderna se constituye en
opinión pública, un público raciocinante y este como ideal de la
Ilustración (Die aufklärung) se hace a sí misma en su uso (aparece la
función del lenguaje). La opinión separa los vínculos económicos de los
discursivos (mundo de la necesidad y mundo del logos, según el modelo griego)
Ese espacio constituye el lugar de emancipación psicológica y que coincide con
la emancipación político -económica. Este es el carácter dialectico del hombre
privado burgués; propietario de bienes y personas y hombre raciocinante y político,
hombre entre hombres; un desdoblamiento entre egoísmo y altruismo (sic). Por
último tenemos el modelo de la Publicity, instancia donde Habermas
denuncia que ya no existe una opinión, el uso de la razón queda evacuado, se
vuelve a ensamblar lo público y lo privado, desapareciendo así el carácter
crítico, político y reflexivo de la propia razón; una re feudalización. La
farandulización de la política.
TEORIA DE LA LEY ESPIRAL

La teoría del silencio definía el
mecanismo que permite captar los cambios en la opinión pública. Sus supuestos,
brevemente resumidos, eran los siguientes: las personas temen permanecer
aisladas del entorno social y, por este motivo, prestan una atención continua a
las opiniones y comportamiento, supuestos por la mayoría, que se producen a su
alrededor. Dado que las personas gustan también de ser populares y aceptadas,
se expresan de acuerdo con las opiniones y comportamientos mayoritarios. Sin
embargo, hay dos tipos de opiniones y actitudes: las estáticas, concernientes a
las costumbres, por ejemplo, y las cambiantes. Con respecto a las primeras, el
individuo puede optar por definirse de acuerdo con ellas o, por el contrario,
permanecer aislado. Con respecto a las opiniones cambiantes, el individuo debe
observar con atención en qué dirección se produce el cambio. Los individuos que
entienden que el cambio se produce en la misma dirección que sus propias
opiniones personales, las expondrán en público, pero, al contrario, si el
cambio se produce en oposición a las suyas tenderá a ser más cauto al
exponerlas en presencia de otras personas.
Según la espiral del silencio el
hecho de que un individuo hable o se quede callado depende de las observaciones
que ha hecho sobre la mayoría pública y decida cuál será su posición. Los
medios de comunicación influyen en que la gente hable o no. En primer lugar las
personas son más valientes para apoyar públicamente una opinión si esta aparece
como dominante en los medios de comunicación. En segundo lugar, los medios
ofrecen a los ciudadanos, las palabras, los textos, los medios, los argumentos
e ideas con las que defender las opiniones en debate. Generalmente habla de
cómo se forma la opinión pública (el proceso), que parte de la observación que
hace el individuo de su entorno social. [3]
En palabras de la autora: “el
resultado es un proceso en espiral que incita a otros individuos a percibir los
cambios de opinión y a seguirlos hasta que una opinión se establece como la
actitud prevaleciente, mientras que la otra opinión la aportarán y rechazarán
todos, a excepción de los duros de espíritu, que todavía persisten en esa
opinión. He propuesto el término espiral del silencio para describir este
mecanismo psicológico”.[4]
El fenómeno es calificado de
espiral de silencio porque la lógica de fondo que se sostiene es que cuanto más
se difunde la versión dominante por los medios, más guardarán silencio las
voces individuales contrarias, con lo que se produce un proceso en espiral, un
bucle de retroalimentación positiva, un círculo
vicioso.
Partiendo de los resultados de
este análisis, podemos deducir si hay que contar con un cambio de opinión.
Entonces es posible hacer previsiones tales como:
- Si una mayoría se considera minoría,
tenderá a declinar en el futuro. A la inversa, si una minoría es vista
como mayoritaria, irá en aumento.
- Si los miembros de una mayoría no
prevén que ésta pueda mantenerse en el porvenir, fracasará. A la inversa,
si la creencia en una evolución favorable es compartida por muchos, sus
miembros necesitarán mucho tiempo para cambiar de opinión.
- Si la inseguridad en cuanto a lo que
es la opinión dominante, o lo que será, aumenta, es porque está
ocurriendo un cambio profundo en la opinión dominante.
- Si dos facciones se distinguen
claramente por su respectiva disposición para exponer sus puntos de vista
en público, la que muestre mayor disposición será quizá la que predomine
en el futuro.
Combinando estas ponderaciones,
podemos concluir que una minoría convencida de su predominio futuro y, por
consiguiente, dispuesta a expresarse, verá hacerse dominante su opinión, si se
confronta con una mayoría que duda de que sus puntos de vista sigan
prevaleciendo en el futuro y, por lo tanto, menos dispuesto a defenderlos en
público. La opinión de esta minoría se convierte en una opinión que en adelante
no se puede contradecir sin correr el riesgo de alguna sanción. De este modo
pasa de la jerarquía de simple opinión de una facción a la de opinión pública.
La espiral del silencio es uno de
los modelos sobre opinión pública más importantes del siglo XX. Esta teoría fue
propuesta por la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann en su libro La
Espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social en 1977, este libro
estudia el comportamiento de las personas de acuerdo a la opinión pública y a
los efectos de los medios. El punto principal de la teoría es la dominación de
la opinión pública por los medios de comunicación y los líderes de opinión.[5]
Las opiniones masivas tienen el poder de influir en nuestra percepción de la
realidad. La Espiral del silencio fue propuesta en una época en la que
la televisión
ya se encontraba posicionada como un medio de comunicación masivo. Es por ello
que Noelle-Neumann considera a la televisión como un punto decisivo para la
consolidación de opiniones públicas. [6]
La autora expone dos casos donde la opinión pública fue determinante para el
resultado. En el 1965
la Democracia Cristiana ganó las elecciones en el
último momento gracias al surgimiento de un nuevo clima de opinión favorable a
este partido. En 1972
se invirtió la tendencia. Ganaron los socialdemócratas gracias al clima de
opinión favorable creado por la población alemana
Opinión publica
http://www.iidh.ed.cr/comunidades/redelectoral/docs/red_diccionario/opinion%20publica.htm
teoría de la ley espiral
Jürgen Habermas
http://escritosociologicos.blogspot.com/2011/09/historia-de-la-opinion-publica-jurgen.html